« ‘Hoy a mi me dijeron hermosa‘ . Una mujer alta y bella al pasar dijo con voz dulce : ‘Es
la higuera el árbol mas bello del huerto’ … desde ese momento llevo mi cabeza un poco mas alzada
y siento una sonrisa dulce dentro de mí, que hace que por primera vez la gente que pasa me voltee a
ver a los ojos y me mire como si fuera la primera vez… »
¿Serán esos los pensamientos de la higuera descrita en el poema «La higuera» de Juana de
Ibarbourou? Aunque nunca sabremos que sucedió finalmente con la higuera, compartimos la misma
compasión por su destino. Pues Juana de Ibarbourou nos encanta y nos lleva a esta quinta con sus
cien árboles, de la que no salimos sin la satisfacción de haber vivido ese pequeño gesto humano.
Gesto generoso que nos da la inspiración para hacer lo mejor de nuestra vida día tras día. En su
poema somos confrontados a una humanismo presentado con una voz distintivamente femenina dentro de
una alegoría relacionada con la situación de la mujer que nos lleva a un nivel de reflexión que
transciende los bordes del tema femenino. Es en ese contexto que analizaremos «La higuera» -un poema
comparable a un pequeño arroyo que se pasea por la selva, y da vida y alegría a los que pasan- con el
poema «Meciendo» de Gabriela Mistral, un poema que se parece a esos cuadros bellos que nos inspiran
harmonía y logran consolarnos en momentos difíciles, evocando en nosotros el recuerdo de nuestra madre
acariciandonos el pelo cuando no podíamos dormir.
Una estructura que consiste de tres estrofas con 4 versos cada una, de los cuales los versos impares
tienen catorce sílabas y los impares cinco, forma el marco del poema «Meciendo». Todos los versos son
paroxitonos y encontramos rima asonante en los versos pares. Antes de considerar el contenido y las
palabras del texto nos damos cuenta que existe un gran orden en este poema.
Pongamos ahora la página de cabeza y analicemos la imagen visual y los diferentes sonidos del
poema sin considerar todavía palabras o contenido. Vemos que la longitud de los versos oscila
regularmente, terminando en la ligereza de un verso corto. Reconocemos que la autora utiliza 18
veces la letra m y que casi todo el poema utiliza consonantes suaves como d, b, g en vez de consonantes
duras como t, p, k. Sin voltear la página de regreso reconocemos tambien que cada una de las tres estrofas
termina con el mismo verso y que ese verso contiene una aliteración dos veces con la letra m y que las
únicas letras en ese verso son vocales y consonantes suaves. Ya por la forma tendemos a deducir que se
tratara de un poema de gran harmonía y balance, pero veremos si es cierto.
Gabriela Mistral nos presenta la imagen de una madre meciendo a su niño mientras que observa
diferentes procesos naturales alrededor de ella. «Que poema tan tierno – y aburrido» podríamos
pensar y cerrar el libro con el poema…pero al querer colocar el libro en el librero nos acordamos
del terser verso. ¿Porque la autora menciona a los «mares amantes»? ¿Donde esta el amante de la
narradora? En este momento nos acordamos de la historia de Gabriela Mistral que vivió la tragedia
del suicidio de su primero y único novio y que permaneció soltera el resto de su vida. ¿Hay un grito
de deseo en este poema que a primera vista aparenta ser tan tranquilo? Es como si nos quitaramos los
lentes obscuros que limitan nuestra vista y empezaramos a ver motivos de inquietud en el texto como el
viento y el mar, dos motivos que asociamos con el viaje por el mundo y la aventura. El mar tiene «millares
de olas» que siempre transforman un viaje en barco en una aventura sin fin predeterminado. El viento es
descrito como un viento «errabundo» que todavía no encontró --o tal vez no quiere – encontrar – su lugar
permanente en la vida. ¿No es verdad que la tranquilidad con la que gozabamos al leer el poema por primera
vez desaparece? ¿Que la mano con la que detenemos el libro empieza a temblar y que un ligero sudor se
empieza a formar en nuestra frente? Es que de repente sentimos el conflicto desesperante de una madre que
–aunque aparenta estar tranquila al mecer su niño—se encuentra en el desesperante dilema entre su vida
responsable como madre y el deseo de una vez mas salir al mundo y vivir las aventuras que permanecieron
gravadas en su corazón el día que contemplo por primera vez el mar con su infinidad de olas. Pero.
¿Porque la narradora puede hablar en un tono que aparenta ser tan tranquilo y harmónico? Yo creo que
la razón es que esa es su resolución y lo que élla misma quiere pensar. Es decir que entre el dilema
aventura ó responsabilidad, élla se decidió por la responsabilidad. Decidió desistir a la emoción del
viento «errabundo» que sale a ver el mundo y hacer descubrimientos. Decidió desistir de las aventuras
del amor que viven los « mares amantes ». En lugar de eso adoptó un lugar fijo en la sociedad, vivir
una vida ordenada dedicando toda su energía a su niño. Decisión que en la época de Gabriela Mistral
seguramente se esperaba de toda mujer, que en ese entonces todavía tenía asignado el papel de ama de
casa y responsable de la educación de los niños. Considerando esa decisión podemos entender mejor porque
élla repite la frase «mezo a mi niño» y porque trata desesperadamente de enseñarnos que su decisión es
la única posible, utilizando analogías con la naturaleza, como el mar mece sus olas, el viento mece los
trigos y Dios mece sus miles de mundos. Ella decidió quedarse en donde esta, y es por eso que el poema
oscila como las olas en el mar pero nunca deja su lugar para irse a otro lado, sino regresa a la misma
frase una y otra vez. Tal vez para preservar una impresión estática, Gabriela Mistral no describe al
niño en el poema. El niño tiene toda su vida por delante y el pensar en su futuro desataría inevitablemente
una vertiente dinámica en el poema.
… en medio de estos pensamientos pasa un pequeño arroyito a un lado de nosotros,
lleno de vida y alegría para los que pueden beber un trago de agua de él. Se trata
del poema « La higuera » de Juana de Ibarbourou. Este arroyito nos muestra su alegría y libertad
al vestirse en rimas asonantes segun su gusto, sin querer restringirse a uno de los esquemas de
rima establecidos y liberandose del corseto de cualquier metro. Aparte los encabalgamientos en
estrofa 4, versos 2 a 3 y estrofa 5 versos 3 a 4 le dan cierta aceleración a este arroyito que no
deja que nadie le dicte la dirección en la que debe ir. Que juego finalmente tan bello con la anáfora
en los versos 1 y 2 de la primera estrofa y con las metáforas como la de la « dulzura [que] hara nido »,
una metáfora que nos evoca asociaciones con el amor maternal al hacernos pensar en el pequeño pájaro
construyendo el nido confortable y caliente para sus futuros hijos. Es a travez de estas imágenes que
Ibarbourou, igual que Mistral, evoca una temática femenina. Eso sucede por ejemplo en la tematización
de la belleza (la higuera « aspera y fea », los « cien árboles bellos »), un aspecto físico que es
asociado principalmente con el sexo femenino, y tambien por la mención de cierta dulzura y sensibilidad
(« procuro hacer dulce […] mi acento »). A diferencia de Mistral, Ibarbourou utiliza esta temática
femenina y sobretodo la temática del amor maternal que se encuentra implicita en la preocupación
protectiva que la narradora tiene por la pequeña higuera—para desembarcar hacia un terreno mas general.
Mientras que el poema de Mistral permanece estático y limitado a un cierto espacio, igual que la madre
que no sale de las cuatro paredes de su casa, el poema de Ibarbourou nos lleva mas allá, a un nivel mas
alto de reflexión y de moral. A travez de su bella alegoría de la higuera, en la que la narradora quiere
regalar un poco de autoestima. Ibarbourou nos invita a darle en la vida mas importancia a la generocidad
humana, a vivir la vida mas intensamente y preocuparnos mas por el bienestar de los demás que viven
alrededor de nosotros. Su poema utiliza futuro y conjuntivo (con sentido de futuro) en las últimas dos
estrofas. Nos invita a mirar hacia lo que viene y no quedarnos parados como en el poema de Mistral,
a seguir caminando como el pequeño arroyito, a vivir según nuestras convicciones…y sobretodo a tomarnos
el tiempo de mirar alrededor de nosotros y si vemos a la pequeña higuera, nos inspira a decirle algo
dulce con la esperanza de que tal vez un día pueda decir «Hoy a mi me dijeron hermosa».