Essays
El arroyo
Tania Rojas Esponda
Princeton University.
2001.

« ‘Hoy a mi me dijeron hermosa‘ . Una mujer alta y bella al pasar dijo con voz dulce : ‘Es la higuera el árbol mas bello del huerto’ … desde ese momento llevo mi cabeza un poco mas alzada y siento una sonrisa dulce dentro de mí, que hace que por primera vez la gente que pasa me voltee a ver a los ojos y me mire como si fuera la primera vez… »

¿Serán esos los pensamientos de la higuera descrita en el poema «La higuera» de Juana de Ibarbourou? Aunque nunca sabremos que sucedió finalmente con la higuera, compartimos la misma compasión por su destino. Pues Juana de Ibarbourou nos encanta y nos lleva a esta quinta con sus cien árboles, de la que no salimos sin la satisfacción de haber vivido ese pequeño gesto humano. Gesto generoso que nos da la inspiración para hacer lo mejor de nuestra vida día tras día. En su poema somos confrontados a una humanismo presentado con una voz distintivamente femenina dentro de una alegoría relacionada con la situación de la mujer que nos lleva a un nivel de reflexión que transciende los bordes del tema femenino. Es en ese contexto que analizaremos «La higuera» -un poema comparable a un pequeño arroyo que se pasea por la selva, y da vida y alegría a los que pasan- con el poema «Meciendo» de Gabriela Mistral, un poema que se parece a esos cuadros bellos que nos inspiran harmonía y logran consolarnos en momentos difíciles, evocando en nosotros el recuerdo de nuestra madre acariciandonos el pelo cuando no podíamos dormir.

Una estructura que consiste de tres estrofas con 4 versos cada una, de los cuales los versos impares tienen catorce sílabas y los impares cinco, forma el marco del poema «Meciendo». Todos los versos son paroxitonos y encontramos rima asonante en los versos pares. Antes de considerar el contenido y las palabras del texto nos damos cuenta que existe un gran orden en este poema.

Pongamos ahora la página de cabeza y analicemos la imagen visual y los diferentes sonidos del poema sin considerar todavía palabras o contenido. Vemos que la longitud de los versos oscila regularmente, terminando en la ligereza de un verso corto. Reconocemos que la autora utiliza 18 veces la letra m y que casi todo el poema utiliza consonantes suaves como d, b, g en vez de consonantes duras como t, p, k. Sin voltear la página de regreso reconocemos tambien que cada una de las tres estrofas termina con el mismo verso y que ese verso contiene una aliteración dos veces con la letra m y que las únicas letras en ese verso son vocales y consonantes suaves. Ya por la forma tendemos a deducir que se tratara de un poema de gran harmonía y balance, pero veremos si es cierto.

Gabriela Mistral nos presenta la imagen de una madre meciendo a su niño mientras que observa diferentes procesos naturales alrededor de ella. «Que poema tan tierno – y aburrido» podríamos pensar y cerrar el libro con el poema…pero al querer colocar el libro en el librero nos acordamos del terser verso. ¿Porque la autora menciona a los «mares amantes»? ¿Donde esta el amante de la narradora? En este momento nos acordamos de la historia de Gabriela Mistral que vivió la tragedia del suicidio de su primero y único novio y que permaneció soltera el resto de su vida. ¿Hay un grito de deseo en este poema que a primera vista aparenta ser tan tranquilo? Es como si nos quitaramos los lentes obscuros que limitan nuestra vista y empezaramos a ver motivos de inquietud en el texto como el viento y el mar, dos motivos que asociamos con el viaje por el mundo y la aventura. El mar tiene «millares de olas» que siempre transforman un viaje en barco en una aventura sin fin predeterminado. El viento es descrito como un viento «errabundo» que todavía no encontró --o tal vez no quiere – encontrar – su lugar permanente en la vida. ¿No es verdad que la tranquilidad con la que gozabamos al leer el poema por primera vez desaparece? ¿Que la mano con la que detenemos el libro empieza a temblar y que un ligero sudor se empieza a formar en nuestra frente? Es que de repente sentimos el conflicto desesperante de una madre que –aunque aparenta estar tranquila al mecer su niño—se encuentra en el desesperante dilema entre su vida responsable como madre y el deseo de una vez mas salir al mundo y vivir las aventuras que permanecieron gravadas en su corazón el día que contemplo por primera vez el mar con su infinidad de olas. Pero. ¿Porque la narradora puede hablar en un tono que aparenta ser tan tranquilo y harmónico? Yo creo que la razón es que esa es su resolución y lo que élla misma quiere pensar. Es decir que entre el dilema aventura ó responsabilidad, élla se decidió por la responsabilidad. Decidió desistir a la emoción del viento «errabundo» que sale a ver el mundo y hacer descubrimientos. Decidió desistir de las aventuras del amor que viven los « mares amantes ». En lugar de eso adoptó un lugar fijo en la sociedad, vivir una vida ordenada dedicando toda su energía a su niño. Decisión que en la época de Gabriela Mistral seguramente se esperaba de toda mujer, que en ese entonces todavía tenía asignado el papel de ama de casa y responsable de la educación de los niños. Considerando esa decisión podemos entender mejor porque élla repite la frase «mezo a mi niño» y porque trata desesperadamente de enseñarnos que su decisión es la única posible, utilizando analogías con la naturaleza, como el mar mece sus olas, el viento mece los trigos y Dios mece sus miles de mundos. Ella decidió quedarse en donde esta, y es por eso que el poema oscila como las olas en el mar pero nunca deja su lugar para irse a otro lado, sino regresa a la misma frase una y otra vez. Tal vez para preservar una impresión estática, Gabriela Mistral no describe al niño en el poema. El niño tiene toda su vida por delante y el pensar en su futuro desataría inevitablemente una vertiente dinámica en el poema.

… en medio de estos pensamientos pasa un pequeño arroyito a un lado de nosotros, lleno de vida y alegría para los que pueden beber un trago de agua de él. Se trata del poema « La higuera » de Juana de Ibarbourou. Este arroyito nos muestra su alegría y libertad al vestirse en rimas asonantes segun su gusto, sin querer restringirse a uno de los esquemas de rima establecidos y liberandose del corseto de cualquier metro. Aparte los encabalgamientos en estrofa 4, versos 2 a 3 y estrofa 5 versos 3 a 4 le dan cierta aceleración a este arroyito que no deja que nadie le dicte la dirección en la que debe ir. Que juego finalmente tan bello con la anáfora en los versos 1 y 2 de la primera estrofa y con las metáforas como la de la « dulzura [que] hara nido », una metáfora que nos evoca asociaciones con el amor maternal al hacernos pensar en el pequeño pájaro construyendo el nido confortable y caliente para sus futuros hijos. Es a travez de estas imágenes que Ibarbourou, igual que Mistral, evoca una temática femenina. Eso sucede por ejemplo en la tematización de la belleza (la higuera « aspera y fea », los « cien árboles bellos »), un aspecto físico que es asociado principalmente con el sexo femenino, y tambien por la mención de cierta dulzura y sensibilidad (« procuro hacer dulce […] mi acento »). A diferencia de Mistral, Ibarbourou utiliza esta temática femenina y sobretodo la temática del amor maternal que se encuentra implicita en la preocupación protectiva que la narradora tiene por la pequeña higuera—para desembarcar hacia un terreno mas general. Mientras que el poema de Mistral permanece estático y limitado a un cierto espacio, igual que la madre que no sale de las cuatro paredes de su casa, el poema de Ibarbourou nos lleva mas allá, a un nivel mas alto de reflexión y de moral. A travez de su bella alegoría de la higuera, en la que la narradora quiere regalar un poco de autoestima. Ibarbourou nos invita a darle en la vida mas importancia a la generocidad humana, a vivir la vida mas intensamente y preocuparnos mas por el bienestar de los demás que viven alrededor de nosotros. Su poema utiliza futuro y conjuntivo (con sentido de futuro) en las últimas dos estrofas. Nos invita a mirar hacia lo que viene y no quedarnos parados como en el poema de Mistral, a seguir caminando como el pequeño arroyito, a vivir según nuestras convicciones…y sobretodo a tomarnos el tiempo de mirar alrededor de nosotros y si vemos a la pequeña higuera, nos inspira a decirle algo dulce con la esperanza de que tal vez un día pueda decir «Hoy a mi me dijeron hermosa».